Chatuchak, casa de Jim Thompson y Sirocco (12/14)

Tailandia, 15 de julio (domingo) de 2012: Bangkok.


Tras mucha indecisión y muchas vueltas, descartamos ir al mercado flotante. Iríamos muy justas de tiempo, y además ir al mercado supone meterse en el autobús (79 o 81) y recorrerse media Bangkok en él (como ir de Chamartin a Getafe, por ejemplo), sin saber ni dónde bajar ni cómo volver. Así que cogemos un pase de un día para el Skytrain (130 thb) y nos vamos para Chatuchak, el que dicen que es el mercado al aire libre más grande del mundo (15mil puestos).

Bajamos y seguimos a la masa, no tiene pérdida. Chatuchak solo abre los fines de semana y es conocido por toda la población de Bangkok y alrededores. Y guiris. Estilo zoco árabe en cuanto a estrechez de pasillos y tiendas, pero con aire asiático en cuanto a suciedad/modernidad/dejadez. Lo primero que me compro, unas converse, por 950 thb ( 25 euros). Muy monas y originales, regateé solo 100 thb, pero menos es nada. Me las llevé sin caja porque total, la caja no me entra en la maleta.


Campanillas como las de los templos, camisetas, estatuillas de buda, souvenirs... IMANES!

Callejón para arriba, callejón para abajo…. Nos sentamos en una de estas a beber un coco (que te abren a hachazos, literal) en un puesto que había con una niña en plan karaoke cantando fataaaal.

Volvimos después al hotel a dejar las cosas y cogimos de nuevo el BTS para ir a la casa de Jim Thompson a comer. Este hombre es un americano que le destinaron cuando la guerra aquí a Tailandia, se enamoró de la tierra y dijo “ui, pues creo que esto de comerciar al extranjero las sedas tailandesas puede funcionar”. Y se hizo rico. Y eso, tiene una casita ahí al lado del MBK que se construyó a partir de 6 casas que trajo de toda Tailandia (que como antes se hacían sin clavos para poder desarmarlas (¿?¿?) pues no le costó trabajo traérsela), y con 61 años, tal y como profetizó una carta astral que tienen expuesta en su despacho, se fue a una isla de vacaciones con sus amigos, bajó a dar un paseo por la selva, y desapareció (claramente, el humo negro, no sé yo qué misterio tiene). Y a partir de ahí han montado el negocio de ver la casa y comer si quieres en el restaurante. Y como sabíamos que se come bien, pues fuimos allí. Pedimos un sandwich y un pad thai. Tan rico tan rico, que mañana volveremos a comer otro.

Comimos y luego vimos la casa, tour guiado en inglés, por una mujer que parecía una narradora de documentales. Como dato curioso, resulta que en las casas la parte de abajo de las puertas, no es liso, sino que tiene como un bordillo de unos 20 cm de alto. Y tienen dos teorías: la primera, que así los bebés no salen de la habitación (gateando los pobres no pasan ese bordillo), y la segunda es que como los malos espiritus solo se pueden deslizar por superficies lisas, pues cuando encuentran ese bordillo no pueden entrar. Y se quedan fuera.

Cuando acabó la visita, 35 minutos después, fuimos a la tienda a buscar una camiseta que nos han encargado. Y luego al MBK , porque yo necesito una maleta. Y me la compré. 2900 decía que costaba, que me la dejaba en 2400. Por 1750 le hemos sacado una samsonite de tela, bien maja, con 4 ruedas.

Regresamos al hotel a dejar el botín y luego marchamos al Skybar, el Sirocco, el restaurante y bar famoso que sale en la peli de Resacón en las Vegas 2 (peli que no he visto pero veré). Cogemos el skytrain, dos paradas, y nos bajamos. Me ubico y nos dirigimos hacia allí, unos 5 minutos andando, y llegamos al edificio. La recepción es enorme…… vamos siguiendo los carteles, y nos reciben en los ascensores. Planta 64. Subimos, salimos, nos van dirigiendo y saludando hacia el skybar. Salimos y, ¡qué pasada!, todo Bangkok de noche! Tiene un aire a NY pero los edificios son más bajos aunque de vez en cuando hay torres, y luego el río por el medio. Nos asalta un camarero con la carta de bebidas y una minilinterna para alumbrar y poder leer, porque no se veía ni a cantar ahí arriba. Un zumo de piña y nosequé y una cocacola, 712 thb. Casi 20 euros. Me ha dolido en el alma, de verdad. Eso sí, las vistas preciosas.


Tomamos nuestras bebidas, hacemos fotos, y para el hotel.

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