Lo que aprendí viajando | Coleccionando Imanes

Lo que aprendí viajando

Habréis leído esto y pensado "uf, ya estamos, otro post filosófico sobre lo que cambia a la gente viajar".


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Pues sí, viajar a mi me ha cambiado, pero no de esa manera existencial que se suele decir (y que no dudo que le pase a gente... pero a mi, no). Sigo teniendo mis manías y mis miedos; y si mi orden de prioridades en la vida ha cambiado no ha sido por viajar, sino porque me hago mayor.

Aun así, hay alguna que otra cosa que ya no es igual. 

¿Te suena alguna de ellas?


1) Que ande yo caliente, ríase la gente.


Pues sí. A todos nos pasa que a medida que crecemos vamos probando diferentes estilos de ropa.

Yo siempre he intentado vestir "bien", coordinada, occidental... es decir, "normal". Y me encanta la moda, de verdad os lo digo.

Y ahora, sinceramente, me da igual.

No es que vaya hecha un adefesio, pero he "abierto mi mente" (y mi armario) a nuevas combinaciones cromáticas y de patrones que jamás creía posibles.

¿Que hace frío? Pues me pongo un jersey. Y si sigue haciendo frío, una chaqueta encima del jersey. No es muy usual, pero es cómodo y calentito.

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Y, hablando de calentito, eso es lo que me ha pasado: he cambiado un "antes muerta que sencilla" por "ande yo caliente, ríase la gente".

Y cómoda. Siempre cómoda, aunque me chiflen los zapatos de tacón (para verlos, en las tiendas, y dejarlos donde los encontré).


2) A sobrellevar "el día de la marmota".


Recuerdo lo que siempre me ha fastidiado tener que esperar en los aeropuertos. Momentos que intentaba llenar de cualquier manera: con el móvil, leyendo, viendo alguna serie, paseando... haciendo ALGO. Lo que fuera.

Ahora me da igual. Soy capaz de quedarme una hora sentada, con cara de boba, mirando la gente pasar. Sin más.

Aplíquese eso a horas de tren, horas de avión, horas de lo que sea. Antes una hora era un mundo, y ahora una hora es "anda, ya? Qué pronto se me ha pasado"

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3) Que todo el mundo sabe inglés


Yo estudié inglés tanto en la escuela como en una academia a la que iba un par de días a la semana de manera extraescolar. Porque aquí en España casi nadie hablaba inglés, y era este idioma el que se posicionaba para encontrar en el futuro un buen puesto de trabajo.

Porque inglés sólo aprendía la gente que se lo podía permitir.

Y resulta que me voy a Tailandia (allá en 2012) y hasta el que vende pad thai en el puesto ambulante del skytrain habla inglés.

TODO el mundo habla inglés. Por la calle, en las tiendas, en los mercadillos, en los hoteles, en los templos, en los transportes, en los trenes. ¡Pero si en España hablan inglés cuatro personas!.


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Lo que es la necesidad, está claro.

Ahora bien, que el colmo de este choque idiomático fue cuando en Myanmar, país con más bien poco turismo extranjero, van y me hablan... ¡en español!

Pues nada. Prejuicios abajo. 


4) Que las cosas diferentes a nosotros también están bien -y que hay muchas batallas que no vamos a ganar


"Pfff, fijate, qué pobres, ¿cómo pueden ---inserta aquí cualquier cosa rara---?".

Así dicho con voz de "será que no saben de otra forma" o "será que no pueden".

Vale. ¿Y si no quieren? ¿Por qué todo el mundo tiene que hacer las cosas como nos han enseñado a nosotros?

Ejemplo 1 (tonto e) ilustrativo:

Yo: "Como aquí conducís del revés...." -o sea, por la izquierda, porque aquí en Europa conducimos por la derecha, como debe ser.

Conductor que conduce del revés: "¿Cómo que del revés?"

Yo, argumento apabullante: "Claro, por la izquierda. En casi todo el mundo se conduce por la derecha, en más de un 80% me atrevería a decir".

Conductor, contraargumento vencedor: "Pues sólo un 20% conducimos bien, porque, qué es más seguro, ¿sujetar el volante con la mano izquierda para cambiar de marcha con la derecha, o sujetar el volante con la mano derecha para cambiar de marcha con la izquierda? Qué hay en el mundo, ¿más diestros o más zurdos? Y qué es más importante, ¿el volante o cambiar de marcha?"

Tocado y hundido.

Ejemplo 2 (breve):

Yo: "pero esta gente, ¿por qué se sienta en el suelo? ¿Es que no tienen sillas?"

Respuesta: "¿para qué? Si el suelo está más fresquito y aquí hace un calor de muerte."

Entonces... ¿por qué creemos que nuestra cultura y tradiciones son la acertada? ¿Por qué nos empeñamos en occidentalizar a todo el mundo? (no sé por qué, acabo de pensar en el sacerdote del Age of Empires).



Pues eso. Aunque cueste horrores, a veces hay que callarse.



5) Me he vuelto intolerante (y no a la lactosa)


Mira, que no. Que viajar te hace abrir la mente, conoces nuevas culturas, nuevas formas de vida (todo eso que ya he contado en el punto 4), pero todo eso me ha llevado precisamente a posicionarme en el extremo opuesto: "con la de gente diferente que hay por el mundo, ¿cómo puedes ser tan tonto?".

Sí, confieso que he pensado eso en alguna que otra ocasión. Y tiene que haber de todo por el mundo, pero de verdad que hay gente que... no. Y lo siento, quizás no es políticamente correcto pensar estas cosas, peeero...


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6) A que "de todo hay en la viña del señor".


Este punto me ha costado aprenderlo... y tiene bastante relación con el anterior. Porque "hay días tontos, y tontos todos los días".

Y aunque mantengo que viajar es algo maravilloso que sólo tiene beneficios (y que quien no viaja es como quien solo lee la primera página de un libro), hay gente que de verdad, está mejor en su casita.

Sí sí. Estoy dejando de decirle a la gente "sal de tu zona de confort y viaja". Y me cuesta. Pero lo he aprendido a base de viajar.

Para criticar, quejarte, exigir y discutir... quédate en el sofá.


7) A regatear.


Vale, lo voy a reescribir para que suene más bonito. "A saber de verdad lo que valen las cosas".

Porque me encanta. Vas a China y como no hay cuarenta intermediarios desde la fábrica hasta la tienda, todo es mucho más barato. Pero como los chinos (y hablo de China por poner un ejemplo, pero esto lo aprendí en mi tercer viaje por el Sudeste Asiático) no son tontos, saben que estás acostumbrado a pagar por ello 5 o 6 veces más.

Así que piden un precio. Y, tras muchos regateos, no sigues la regla del "pide un tercio de lo que te dicen, o un cuarto". Lo que haces es mirarlo, tocarlo, mirar al vendedor. Intentar averiguar cuánto tiempo le puede haber llevado fabricarlo. Cuánto dinero le costaron los materiales.

Y juegan con ello, claro está. Todos aquellos tenderos que a la vez están pintando, cortando, tejiendo, tallando delante de ti, lo hacen para que veas su enorme esfuerzo.

Y entonces piensas. Piensas en cuánto quieres ese objeto, en cuánto pagarías por ello. En cuánto vale su tiempo.

Y das un precio, ahora sí, la mitad de lo que piensas pagar. Y ahí, empieza el regateo hasta tu precio tope.


8) Que gasto mucho agua al lavarme los dientes.


De verdad.

Cuando viajas con un itinerario planeado por un país, no puedes permitirte ponerte malo (aunque a veces ocurra). Así que sigues a rajatabla las indicaciones del médico: frutas y verduras crudas no, agua embotellada, nada de puestos ambulantes, etc etc.

Hasta para lavarte los dientes.

Y el primer día de viaje separas una botella, que rellenas con agua embotellada, para lavarte los dientes en el hotel. Botella que llenas sin preocuparte de cuánto, y que se va acabando rápidamente.

Y empiezas a pensar: dios mio, entonces en mi casa, con el grifo abierto (no al cepillar, sino al enjuagar), ¿cuánta agua gasto?


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Pues mucha. Mucha más de la necesaria.

Me ha costado, pero he aprendido a lavarme los dientes con dos dedos de agua. ¡Yuju!


9) Que madrugar cuesta mucho menos cuando no vas al trabajo.


Fijaros que no os digo "cuando vas a la playa" o "de turismo". Una alarma a las 4 de la mañana para coger el avión es menos alarma.

Aunque quizás es porque también he aprendido a dormir en los aviones (ni el despegue me despierta).


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Sí, soy madrugadora. Y defensora de que en España vivimos una hora adelantados a lo que deberíamos según el sol (y el resto de Europa).



10) El verdadero significado de la globalización


Que yo estudié la definición en una asignatura que se llamaba "Conocimiento del medio", con unos 10 años, y no me enteré de nada. Con aquella edad, no entendía el concepto de "mundo", como para entender el de globalización.

Pero ya ves. He visto camisetas "made in Spain" en mercadillos de China, a birmanos hablando español, a bosquimanos bebiendo Cocacola y comiendo Lays, la isla de Bali "ocupada" por miles de turistas australianos (¡que es que Australia son nuestras antípodas!).

He cantado "La Macarena" en un karaoke de Tokyo, visto smartphones de última generación en manos de barqueras en mercados flotantes de Tailandia, por supuesto que me he encontrado españoles por todo el mundo, y por supuesto también que todo el mundo conoce el Real Madrid y el Barcelona.

Buscamos descubrir, buscamos lugares auténticos... y eso ya no existe.

Pero aun así, seguimos viajando. ¿A lo mejor es porque no sólo viajamos para aprender?

Y tú, ¿qué has aprendido en tus viajes?

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