Un día en Takayama | Coleccionando Imanes

Un día en Takayama

Hoy tenemos un traslado largo, de 3h y 45 min horas, hasta Takayama.
Hemos reservado billetes en el tren Limited Express Wide View Hida 25, que recorre sin transbordos el trayecto Osaka-Kyoto-Takayama.

El andén en el que cogemos el tren es el andén 0. Estuve un rato pensando que el panel indicaba un “0” porque aún no habían decidido por qué vía venia… pero no. 

La vía cero existe. En un momento dado se me ocurrió preguntar a un trabajador de la estación y me dijo que sí, que era esa misma de la entrada, por la que pasaban tantos trenes. Que no me confundiera al subir...

El tren es algo antiguo, como los trenes de los 80 en España. Eso no quita para que los asientos sean cómodos, reclinables (que no supe cómo moverlo hasta que no se lo vi al hombre de al lado), y el tren esté limpio y con baños. No hay vagón de cafetería pero sí una máquina vending como las que hay por todo Japón.

Vistas desde el tren

El trayecto es bonito pero quizás se pueda hacer algo monótono. Gran parte del recorrido transcurre a lo largo de varios ríos encañonados por montañas cubiertas de vegetaci
ón.

Cuando llegamos a Takayama nos dirigimos a nuestro hotel, el K’s House Takayama. Está a unos 5 minutos andando de la estación. En cuanto llegamos dejamos las maletas y preguntamos por algún sitio donde comer la famosa carne de Hida. Nos dan un mapa y nos indican varios lugares diferentes; el más barato de ellos una carnicería, donde nos dicen que podemos comprar la carne para luego cocinarla allí. Nos resulta algo extraño y, por falta de información (aún no habíamos visto la cocina que tienen y lo bien montada que está) descartamos esa opción y nos fuimos a buscar un sitio donde comer.


La cocina que habríamos usado si lo hubiéramos sabido...

Al final elegimos un restaurante en la calle de la estación, hacia la izquierda, en el que pedimos un menú con un montón de platitos diferentes, entre ellos la carne.

No hablaban muy bien inglés y nosotros no hablábamos japonés, pero al final entre gestos supimos qué pedir y cómo comerlo. Que, diréis, “pues no tiene tanta ciencia, coges con el tenedor y a la boca”.

Pues no, porque había algunos alimentos que tenías que poner sobre el hornillo que nos habían colocado en la mesa y cocinarlos tú mismo. La carne era uno de ellos.


Fue una experiencia diferente y curiosa. La carne tiene un sabor que no creo que olvide fácilmente, pero no me pareció que fuera exquisita. Pero para gustos los colores (además de que debe haber diferentes categorías de carne). Al final, ese menú degustación y otro con cerdo y no sé qué más cosas, costó 3620 yenes (unos 32 euros) dos personas.

Después de comer fuimos al hotel a ver nuestra habitación, ya que no nos daban las llaves hasta las 15. La habitación es la más pequeña en la que he estado nunca. No creo que tenga más de 3 metros cuadrados y el cuarto de baño otros 3 metros. Pero lo de siempre: está limpio, así que es perfecto para dormir.

Volvemos a recepción para preguntar por el lugar turístico por excelencia de la ciudad, el pueblo de Hida no Sato. Nos dan un folleto con los horarios de buses (preguntamos por el alquiler de bicis pero nos recomendó que no lo hiciéramos, porque era cuesta arriba y hacía mucho calor).


Así que nos dirigimos a la estación de autobuses, que está pegada a la estación de trenes (de hecho podríamos decir que es casi el mismo edificio).
Allí compramos en las máquinas el billete combinado de dos viajes en bus más la entrada al pueblo de Hida por 930 yenes por persona. En menos de 10 minutos llegamos al pueblo, bajamos, y nos dice la conductora que en esa misma parada se coge para volver.


Entramos en el pueblo, y, por segunda vez en todo nuestro viaje, estamos solos. En todo nuestro recorrido, que duró más de hora y media, nos cruzamos sólo con 4 personas más.

Vistas nada más entrar en el recinto. El lago no invita a bañarse precisamente.

El pueblo de Hida se abrió en 1971 con el propósito de preservar el estilo de vida y la arquitectura de la zona.

Así fijaban las vigas en los techos. ¿Quién dijo clavos?

Se trasladaron más de 30 casas desde diferentes zonas de la región de Hida, incluyendo las de estilo Gassho con los techos de paja.


En el interior de las casas se pueden ver útiles de la vida diaria, con la intención de que te puedas imaginar cómo vivían en aquella época.


Las mas importantes son la casa de Wakayama, de mediados del siglo XVIII, con su techo superinclinado (las de estilo Gassho), la de Tanaka, la de Taguchi y la de Yoshizane.


Cogimos el último bus que había para volver a la ciudad, y nos fuimos al Family Mart de delante de la estación de trenes a comprar algo para cenar.

No he dicho, y ya dedicaré más adelante un post a ello, nada sobre este recomendable hotel aparte de que las habitaciones son pequeñas y que hay cocina. Pues bien. 

La cocina es enorme y moderna, y puedes hacer uso de ella sin ningún problema. También puedes usar el frigorífico y ellos te dejan aceite, vinagre, sal…. Tiene también un pequeño comedor donde poderte sentar tranquilamente a comer o cenar. Y muy buen ambiente.


La habitación más pequeña que verás en tu vida

Tras descansar un poco esperamos a que anocheciera para poder ir a ver las calles tradicionales, tal y como eran en el periodo Edo, iluminadas con farolillos.

Ya la chica de recepción nos dijo que “no hay nada, pero si queréis salir, este es el mapa”. Pero cuando llegamos y vimos lo que era nos entró la risa tonta. 

¡¡¡Pero si está todo a oscuras!!! En cualquier otro país me encuentro en una calle oscura y vacía, y sé que echo a correr con todas mis fuerzas.

Con el flash de la cámara conseguí sacar alguna foto… pero poco más.


A la media hora estábamos de vuelta en el hotel, y comentándoselo entre risas a la recepcionista sólo pudo decirme “this is Takayama!”.

Al día siguiente nos levantamos con toda la calma del mundo, lo cual se empieza a agradecer… después de desayunar y recoger, alquilamos unas bicis en el hotel para dar una vuelta por el pueblo (tenía antojo, porque realmente falta no hace, y además hay muchas zonas con escaleras por las que no se puede ir con bici). Nos costaron 150 yenes por bici y hora.

No sé si se puede ser más pato que yo en bici, así que desde mi experiencia puedo recomendarte que, a nada que tengas un poco de estabilidad sobre dos ruedas, la alquiles. Son muy cómodas, de paseo, y el suelo queda cerca :D.


Esas calles que anoche estaban oscuras y vacías ahora son un hervidero de turistas. Resulta que las llamadas “casas” se han convertido en tiendas de souvenirs, sobretodo las dos más pintorescas. La verdad es que nos lo pasamos bien con las bicis: no es algo que suela hacer cuando viajo, y el tiempo nos puso a prueba: lluvia primero y sol abrasador después.


Devolvimos las bicis, nos cambiamos de ropa en el baño común del hotel y nos fuimos a la estación a coger un tren a Toyama, allí el shinkansen hasta Omiya y finalmente un tren JR hasta Tokyo.

Para poder leer nuestra toma de contacto con Tokyo, pincha aquí

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